Qué es una valoración de riesgos ambientales

Una Valoración de Riesgos Ambientales (VRA) para la protección de la salud humana o para los ecosistemas, también denominada Análisis Cuantitativo de Riesgos (ACR), es un proceso racional mediante el cual se identifican y evalúan los riesgos que la alteración antrópica del suelo puede suponer para la salud de las personas o el medio ambiente.

El objetivo de una VRA es proporcionar, a partir de la estimación cuantitativa o cualitativa de los riesgos, la información y útiles necesarios para la valoración de los efectos asociados a la presencia de posibles sustancias contaminantes en el suelo. Este proceso de valoración servirá de base para la toma de decisiones sobre la aceptabilidad del riesgo y las medidas a adoptar para la protección de la salud humana o de los ecosistemas.

A través de este proceso también se puede determinar las concentraciones máximas admisibles en el área fuente de los compuestos químicos de interés. Por debajo de ellas, el riesgo en el punto de exposición no superará el nivel máximo aceptable definido previamente.

Metodología de la Valoración de Riesgos Ambientales

Una Valoración de Riesgos Ambientales se realiza siguiendo la metodología establecida en el Real Decreto 9/2005, de 14 de enero, por el que se establece la relación de actividades potencialmente contaminantes del suelo y los criterios y estándares para la declaración de suelos contaminados, que puede esquematizarse en cuatro etapas: identificación de peligros, evaluación toxicológica, evaluación de la exposición y caracterización del riesgo, que explicaremos a continuación.

Etapa 1. Identificación de peligros. Consiste en el establecimiento de un modelo conceptual del emplazamiento investigado, definiendo: focos de contaminación, contaminantes presentes y su distribución en los medios, mecanismos de transporte, vías de exposición y receptores potenciales de la contaminación detectada.

Etapa 2. Evaluación toxicológica. Su objetivo es caracterizar cuantitativamente la potencia tóxica de los contaminantes hallados, mediante la identificación del riesgo y el análisis dosis-respuesta.

  • Identificación del riesgo: determinar si la exposición a un agente químico puede causar un incremento en la aparición de un efecto adverso en la salud.
  • Análisis dosis-respuesta: caracterizar la relación entre la dosis de un contaminante y la incidencia de que ocurra un efecto adverso en la población debido a ella.

Etapa 3. Evaluación de la exposición. Busca establecer las dosis diarias de exposición para los receptores potenciales a partir de la determinación de las concentraciones de los contaminantes en cada uno de los medios y para cada una de las rutas de exposición contempladas en el análisis. La exposición puede producirse de dos maneras:

  • Exposición directa al contaminante, mediante contacto dérmico o ingestión de suelo, por ejemplo. La concentración detectada en el medio se considera igual a la concentración de exposición.
  • Exposición indirecta, a través de la inhalación de vapores procedentes del suelo o de las aguas subterráneas, por ejemplo. En este caso, la concentración de exposición puede medirse en campo o estimarse mediante el empleo de modelos de transporte. Para lo cual será necesario conocer las propiedades geológicas e hidrogeológicas del medio, la existencia o no de pavimentación y su estado, en caso de exposición en ambientes exteriores, así como las características constructivas de los edificios en caso de exposición en ambientes interiores.

Etapa 4. Caracterización del riesgo. Consiste en la combinación de la información toxicológica referente a los contaminantes presentes y las dosis de exposición de los receptores potencialmente afectados, que permita alcanzar una estimación cuantitativa del riesgo que supone la situación analizada. Asimismo, al tratarse de una estimación, debe indicarse el nivel de incertidumbre asociado a la misma.

En el caso de la Valoración de Riesgos Ambientales o Análisis Cuantitativos de Riesgo (ACR), en términos de protección de la salud humana, se asume que:

  • Para sustancias cancerígenas, una situación de riesgo aceptable es aquella en que la frecuencia esperada de aparición de cáncer en la población expuesta no excede en uno por cada cien mil casos (el valor de riesgo no excede de 10-5)
  • Para sustancias con efectos sistémicos, se asume como una situación de riesgo aceptable aquella en que, para cada sustancia, el cociente entre exposición a largo plazo y dosis máxima admisible es inferior a la unidad.

Si como resultado de la VRA se determina que el nivel de riesgo es inaceptable, éste deberá gestionarse para eliminarlo o reducirlo a niveles aceptables para los potenciales receptores expuestos.

Esta herramienta es muy útil en los casos de descontaminación de los medios afectados, ya que permite establecer los niveles de concentración de los contaminantes por debajo de los cuales se puede afirmar que no existe riesgo para los receptores evaluados. En otras palabras, las concentraciones máximas admisibles (niveles objetivo o SSTL) en el área fuente.

Valoración de Riesgos Ambientales en España

Con el fin de facilitar y homogeneizar la realización de los ACR que presentan sus administrados, algunas Comunidades Autónomas, como Madrid, País Vasco y Andalucía han publicado guías para la realización de análisis cuantitativos y riesgos para la salud humana y los ecosistemas.

Herramientas para realizar la Valoración de Riesgos Ambientales

Como ayuda para realizar los análisis de riesgos se suelen utilizar programas informáticos. Cabe mencionar, a modo de ejemplo, los más difundidos: RBCA Tool Kit, o BP RISC. Todos ellos se basan en la representación del modelo conceptual del emplazamiento, las relaciones fuente-ruta-receptor y las características específicas del mismo.

El uso de estos programas requiere cierta experiencia, ya que es necesario llevar a cabo una correcta interpretación y validación de los resultados, así como un adecuado análisis de las incertidumbres de los datos empleados y de la sensibilidad del modelo a los mismos. Es crucial asegurar que no se ha producido una subestimación o sobreestimación de los riesgos.

Por último, hay que aclarar que la metodología de este tipo de análisis de riesgos difiere de la utilizada en los análisis de riesgos medioambientales para la obtención de la garantía financiera requerida a las actividades afectadas por la Ley 26/2008, de 23 de octubre, de Responsabilidad Ambiental.

Publicado el 15/04/17


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